lunes, febrero 18, 2008

Pelea

Hoy ha pasado algo surrealista en el metro. 8.40 de la mañana. Llega una chica corriendo y entra. El de seguridad por detrás. La chica, necia, le dice que no le va a enseñar el billete, que ya ha picado y que no entiende por qué si hay unos tornos luego tienen que estar los revisores revisando si has picado o no.

El de seguridad, necio, mientras sostenía la puerta con ambas manos, le dice que si no le enseña el billete que el metro no sale.

Y una que no. Y el otro que no. Que no, que no y que no.

De repente, una espontánea agarra a la chica y le dice: Me suda la polla, sal del vagón. Se enzarzan y empiezan a pegarse a mamporrazo limpio, tirándose de los pelos, pegandose tortazos. He intentado separarlas en el zarandeo inicial, pero ha sido imposible. Han salido las dos del vagón repartiéndose ostias la una a la otra.

A parte de lo violento que ha sido, se han quedado las dos en tierra, que era precisamente lo que ninguna de las dos quería. Ahí las hemos dejado. El metro ha seguido hacia la siguiente estación.

Menos mal que en mis casos sonaba Facto delafé.

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