domingo, agosto 12, 2007

Un buen dia... sin salir de casa

En qué consiste un buen día –y no me refiero al que cantaba J. de Los Planetas– sin salir de casa.

1. Larga conversación de sobremesa con mi abuelo –después de zamparnos un estupendo marmitako que ha hecho mi madre y un sapo al horno a cargo de mi padre–. Me ha contado muchas cosas. Estaba de buen humor, aunque triste porque se ha muerto su primo, carnal. Me ha dicho: te cuento esto a ti porque eres periodista y para que un día escribas sobre mi.

Mi abuelo está preocupado porque sabe que va a morir. Pero dice que eso es parte de la vida. Lo que le preocupa es que su oficio se está perdiendo. Felix L. D., que así es como se llama, tiene 82 años y desde que tenía 14 se ha dedicado a arreglar instrumentos. Es un especialista en arreglar instrumentos de viento. Yo recuerdo verle, desde que era pequeñita, en el taller de su casa de Fitero –donde en la plaza del pueblo hay un quiosco con una placa que recuerda a su padre Lorenzo, mi bisabuelo, músico y compositor– haciendo virguerías. Llegaban trompetas retorcidas o saxofones doblados y en unas horas salían como nuevos...

"Cuando escribas, di que se va uno de los pocos arregladores de instrumentos que quedaban".

"Es muy difícil" apuntaba, como si yo tuviera la más mínima duda sobre ello. "Enséñame", le he implorado. "Yo ya no puedo" me ha contestado apuntándose a la cabeza, indicandome que ya está senil para esos menesteres.

2. Despues de jugar un rato con mi perro, pongo el OK Computer de Radiohead,

me conecto y me encuentro con mi amigo V. Un chico francés que conocí en 2005 en México. Tras un año de amistad, un día en una fiesta en su casa de Coyoacán, apenas unos días antes de nuestra marcha de ese mágico país, sorprendentemente me abraza y me eleva un palmo del suelo y me susurra: tu siempre me has gustado. Obviamente a mí él también. Así es la vida que él, por aquel entonces, estaba saliendo con una mexicana y yo con un mexicano. Así es la vida que justo ayer, cuando estaba con mi amiga O. le conté esta anecdota. Así es la vida que hoy, cuando han pasado dos años desde aquella última vez que nos vimos – y hablamos– se conecta, desde Irán y cuando le iba a decir que en septiembre se viniera a Madrid, me dice que en septiembre pensaba ir a Madrid a ver a un amigo.

3. Después de cenar un increible bonito con tomate que con el mayor amor del mundo ha preparado mi querida ama, me he dispues a ver Baraka, de Ron Fricke, que me ha dejado mi amiga I. Aunque no tiene diálogos –lo que puede parecer un incoveniente, por llamarlo de alguna manera– ha sido la película más impactante que he visto en mucho tiempo. Me ha hecho llorar y me ha revuelto el estómago. Pero sobre todo, me he hecho pensar... y mucho.

4. Y Escribir este post en el balcón, bajo las estrellas.

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