Me pasa que según cómo duerma así es mi humor todo el día. según con quién duerma, no duermo. se avecinan cambios en mi vida. me han puesto unas cositas en la oreja. no voy a poder comer la mitad de las cosas que comía. me van a tener que pasar cosas por sitios que no voy a explicar aquí. cuando te veo ya no me gustas. cuando te veo sí me gustas, y antes no. he vuelto a sentir cosas que hacía tiempo que no sentía. hace mucho que no recuerdo mis sueños. dicen que mi vida va a cambiar. quiero que pase. tengo miedo a no ser lo suficientemente fuerte. dicen que no volveré a ser la misma. Que no querré volver a ser la misma. me voy a tener qe esforzar mucho. voy a necesitar mucho apoyo. me van a tener que aguantar muchas cosas. tengo miedo a pasarme. Y que no me entiendan. me va a costar mucho volver a empezar. me va a costar mucho terminar. pensaba que no me pasaba nada. quiero creer que voy por el buen camino. no puedo parar esto. tengo que ser más rápida. tengo que ser más paciente. no sé como ordenar mis ideas. Me pasa qué me pasa.
Mi médico me ha confirmado que un bichillo se ha apoderado de mí. Es Rey y Señor de la flora intestinal, estomacal y de todo lo que se encuentre por su camino.
Pues menuda semanita me está dando. Esta mañana ha sido la gota que colma el vaso. El muy capullo ha debido de estar corriendo un maratón por ahí dentro por que no paraba de retorcerme y sentir escalofríos. Me dolía hasta cuando andaba. Así que he pasado la mañana trabajando, aguantando a ese okupa maldito, y a las 14.00 h. le he dicho a mi jefe que no aguantaba el dolor.
Total, que con mis retorcijones me he ido a la calle (una gitana me ha parado para venderme unos mecheros. Le he dicho que no –básicamente porque no podía conmigo misma– y ella, erre que erre. Vamos, que hasta que no le dicho que estaba enferma y que iba al médico no me ha dejado en paz... en fin).
El doctor me ha dicho que, efectivamente, hay un virus y que lo he pillado, pero que además, tengo que vaciar mis intestinos. Y eso me está matando (obvio, esto no es literal...)
Por cierto. Siguiendo la estela que abrió Isca, quiero que el día que me muera suene No Surprises mientras que los que os juntéis haceis volar avioncitos de papel llenos de buenos deseos para vosotros. Ya es oficial. (La idea la copié del gran Sr. del Toro... que tanto me hizo llorar aquel día... :) Me dejas plagiarte, verdad?)
Espero que mañana vuelva a ser persona. Sobre todo porque por la noche quiero disfrutar del concierto de Kusturica. :D Y el sábado disfrazarme... de payaso quizá?
(Rescatado, liberado de un cajón... de hace, por lo menos ocho años ya, sin editar...)
Siento cerca la lejanía. El mundo es tan pequeño de repente, que me ahoga, que consume todo mi oxígeno, y el cielo lo siento cada vez más cerca.
Noto como el calor corre por mis venas y como el sudor frío se apodera de mis manos, como se me cierran los ojos de rabia y se encoge mi cuerpo... de miedo.
Me paralizo.
Las miradas me comen. Me miran. Me controlan. El odio me invade, se apodera de mí.
Desconecto.
Soy una pluma que sube al cielo. Vuelo entre nubes, entre los pájaros, y la lluvia me moja. Pero no me molesta Es placentera.
Una luz me ciega sin dañarme me dirige en mi camino.
Vida de recuerdos futuro de emociones hoguera de observadores.
La húmeda hierba se pierde entre mis pies descalzos y bailo bajo la lluna llena al son de la música de la eternidad.
Ella miraba el mapa. Miraba el mapa y se imaginaba adentrada en él. Vagando sin rumbo por sus calles grises, ahora azules y rosas. O antes azules y rosas, ahora grises quizá. Había pasado tanto tiempo, a lo mejor no el suficiente, o seguramente no tanto como ella a veces pensaba. Y no tenía que hacer grandes ejercicios, esfuerzos, para visualizarse cenitalmente, como en un videojuego, vagando por Bolivar, por Juarez.
10.01.06 BURBUJA
Y esta burbuja que me somete, que me tiene engatusada, embrujada. He pasado mi vida soñando. Soñando con la vida también. Soñando en todo momento y sin sueños para vivir.
12.03.06 EN EL BALCÓN
Encarcelanda en la balcón miraba a la calle. Se dejaba arropar por el calor del sol de mediodía. Miraba a la calle sin apenas ver. El vacío de su estómago la dominaba y ensimismaba. Le dolían el vacío de su estómago y el de su corazón. Se sentía desalmada e incapacitada para llorar. Se había secado para siempre. Y su dolor iba a vivir encerrado en sus entrañas, pegado, incrustado de por vida.
Vió una cara conocida qe se acercaba de frente, hacia ella, intentando no ser descubierto. Ella fumó de su cigarro. Él la vió y mordió un tomate que sacó de la bolsa que traía del mercado del domingo.
Los hombros al descubierto eran acariciados por el sol, pero su corazón derramaba dolor seco. Que subía y bajaba sin encontrar la salida, las cosquillas. Una búsqueda que nunca ha estado inactiva. Se desgañita.
Suena en su cabecita. La misma canción que en los atardeceres madrileños, encerrada en el balcón, y mientras los pájaros revoloteaban llevados por la inercia, ella ponía al máximo volúmen que permitía el aparato para que la gente buscara de donde venía la canción. Sólo para poder sonreir a los desconocidos. Que caminaban por su calle. En la que sonaba una canción que la hace un poco feliz hasta que la melodía desaparece.
"No rías más sin ganas, no sufras más, no calles..."
“Construye tu felicidad y sé egoísta. Ellos seguirán siendo indios o negros. Esa moda de las oenegés sólo sirve para que unos pocos se enriquezcan. Lucha por tu hipotética familia, que ya te tocará pronto. ¡Créate un futuro! ¡Con lo que hemos invertido en ti! ¡Céntrate en tu carrera profesional!”
A partir de ahí ella dejó de escuchar el zumbido al otro lado del teléfono. Esa letanía ya se la conocía. Y no podía evitar que las lágrimas le cayeran a borbotones por su mejilla. Mientras, callada, esperaba a colgar.
“¡¿Qué te vas a ir con las FARC?! ¿A América Latina? ¡Ya sabes que eso no me gusta un pelo! ¡Cada sitio es peor! Ellos seguirán siendo indios o negros, da igual lo que tú hagas…
Pero yo respetaré siempre tu decisión. Es tu vida.”
(Mierda de mundo. Mierda de gente. Mierda de ilusiones. Mierda de egoístas. Mierda de sociedad. Mierda de futuro. Mierda. Mierda. Y mierda.)
Me gustaría poder decir que siempre soy tan feliz como el día que nos comimos el mar. Me gustaría poder decir que las lágrimas y temblores mientras cantábamos Nube de humo blanco (en mi vida hay goteras pero me da igual) eran de felicidad. Me gustaría decir que los besos que nos dimos el día que nuestras gafas chocaron eran reales. Me gustaría decir que cuando dijiste "No te ví en la fiesta" lo dijiste porque realmente tenías ganas de verme. Me gustaría decir que todo está bien, que nada va mal. Me gustaría decir que todo es como en las canciones. Me gustaría volar como en los conciertos, cuando lloro sin que me importen los de mi alrededor. Me gustaría ver el sol y sentirme feliz. Me gustaría abrazar a mi familia. Me gustaría un akelarre, como antaño. Me gustaría volverme a sentir cerca de la tierra prometida. Me gustaría poder cantar canciones con mis pequeños duendecillos. La música a todo trapo, a gritos en un coche, de camino a la playa. Me gustaría no sentirme culpable. Me gustaría sentirme segura en cada paso que doy. Me gustaría no tener miedo y las cosas claras. Me gustaría irme contigo un tiempo largo a Latinoamérica. Me gustaría poder decirte que sí.
Me gustaría que las risas que oigo debajo de mi balcón salieran de mí. Que encontrara el final de esta espiral. Sé que no me quedarán más cojones que asumir las cosas tal y como vengan, que tendrá que ser así, pero me va a doler… y mucho.
Como mi dice mi padre hay que aprovechar los momentos buenos, que los malos vienen solos. No puedo evitar volver a llorar. No sé si de impotencia porque no puedo hacer nada…
Se oye un gol de fondo… la gente debe estar alegre, contenta, pero yo no puedo sentirme feliz… mi único consuelo ahora mismo es escribir esto mientras escucho esas canciones melancólicas…
Desde el 25 las cosas no van bien… son todo malas noticias… espero que pare la racha ya (y nos tenemos que consolar que sólo es la vida) no podría imaginar este dolor de otra manera…
El azúcar me ha consolado, pero necesito llorar… necesito escapar… necesito abrazar a los míos… decirles que les quiero… que estoy aquí… no quiero que me abandonen… no se si podré aguantarlo…, aunque no me queden más cojones que asumir las cosas tal y como llegan…
Me fumo otro cigarro y cojo el toro por lo cuernos… tengo que seguir adelante… tengo que salir de esta espiral… encontrarle el fin…
Vuelvo a sentir esa maldita sensación... Ésa que me sube por el estómago y que sin darme cuenta se transforma en lágrimas y en un inmenso vacío a la altura del pecho...
Malditas vacaciones estas en las que cada ves que he querido hacer algo no ha salido nada. Malditas vacaciones estas en las que el Destino no me ha dejado ser. I. me ha dicho hoy que el Destino soy yo. Le he dicho que no se engañe, que he intentado serlo y que el Destino me ha ignorado.
Malditos planes –aunque sean de últimisima hora– que nunca salen. Mierda.
A este paso voy a volver sin fuerzas a Madrid. Ya sólo quedan... 11 días...
No puedo soportar que la gente hable de un país como si lo conociera, cuando sólo ha estado una semana o quince días en un hotel con todo pagado.
No puedo evitar decirles que son unos ignorantes cuando se han pasado la semana comiendo perritos caliente y pizzas y no han sido capaces de probar la comida local. No puedo evitar decirles que son unos ignorantes cuando lo único que han visto es al vendedor local de collares que todas las mañanas se pasea por la playa del hotel.
No puedo soportar que la gente pueda decir que ha estado en un país cuando no ha salido del recinto cinco estrellas al que han ido. Pa emborracharte en un playa gracias a una pulsera no hace falta irse a la Riviera Maya o a Punta Cana... pa eso inventaron Benidorm... cojones.
SUÉLTATE la melena y ponte a BAILAR. Es lo que te APETECE. LLORA y expresa lo que llevas dentro, que te pudre; llora, como asintiendo, como reconociendo que estas escuchando letras en las que te reconoces, en las que reconoces su dolor como el suyo. CANTA, hasta que te quedes sin voz. Que toda tu alma salga en cada grito que metes. No tengas ESPERANZA; sabes cuales son tus límites. Tienes suerte para ciertas cosas –cada vez menos, es verdad- pero no para el AMOR –tu haces daño, ellos te dañan-.
SIENTE, PIENSA ¿qué quieres hacer en tu vida? ¿qué es lo que más desearías hacer? Haz caso a tu INTUICIÓN. Sabes cuando sí y cuando no. Pero síguela. Ayer te tenías que ir. Querías llorar porque sabías que te tenias que ir, pero te querías quedar y te quedaste –cómo te quedaste-.
EXPULSA. ¿Vienes conmigo a la playa a emborracharte –de felicidad-? No dejes de hacer nada que sientas. SIENTE. EXPRESA. TRANSMITE. No dejes que las paredes se hagan más fuertes que tú. No dejes que las cuerdas te aprieten. Busca tu lugar. Sé feliz. No pares hasta encontrar la felicidad. ¿Qué echas de menos? ¿qué quieres hacer? Acéptate. Pon sentimiento en todo lo que hagas.
La realidad es que llevo un tiempo –que cada día se alarga más y más– sumida en la indiferencia. Ha llegado un momento en mi vida en el que básicamente todo me da igual. Obviamente, tengo días en los que esta sensación parece que mengua; pero en general es así.
No se trata de conformismo. No me conformo con lo que tengo. Quiero dar otro giro a mi trabajo. Quiero cambiar cosas de mi rutina diaria. Quiero enfocar mi vida desde otro punto de vista. Tengo cosas en la mente, no estoy parada. Pero la indiferencia puede con todas esas ganas la mayor parte de las veces.
Tanto es así que, por ejemplo, a mi padre le diagnosticaron una enfermedad grave y yo no pude soltar una sola lágrima hasta pasados quince días desde que lo supe. Esto es más grave de lo que parece, porque soy de naturaleza llorona.
Tanto es así que, por ejemplo, mi abuelo, que antes era una persona sonriente y que siempre tenía unas palabras alegres para todo el mundo, se está muriendo de pena y yo me siento de incapaz de cambiar la situación. No es que me sea indiferente en este caso, pero me cuesta sacarle una sonrisa. Mi abuelo se muere de pena y soy incapaz de soltar una sola lágrima –recordad que soy de naturaleza llorona–.
Son sólo un par de ejemplos de muchos más que podría dar, como que he vuelto a mi tierra de vacaciones y llevo menos de una semana aquí y ya me empiezo a aburrir. Esto para mí antes era inconcebible. Y me resigno a acostumbrarme a ello.
Por suerte, mi amigo M. me ha hecho recuperar la alegría y la sonrisa que me caracterizan. Y de manera sencilla. Mientras manteniamos una conversacion escrita –nos separan demasiados kilómetros– nos hemos visto recreando una posible situación. Y eso me ha devuelto la sonrisa perdida.
Y luego, me ha dicho: me voy a dar una buelta en bici y a escuchar Facto de la Fé. Ah! Así que te lo pasaron, le he contestado. Claro, desde Argentina. ¿Has visto el último vídeo, el de 'La Fuerza'?
Estaba tumbada en medio del desierto. La arena la quemaba; el sol la quemaba y volvía el paisaje blanco. Con cada soplo de aire hirviendo ella se camuflaba más en la arena. Estaba concentrada en que la tierra árida y estéril se integrase con ella; que sacara toda la vida de dentro, para desaparecer con el siguiente vendaval.
Había dejado de sentirse persona hacía mucho tiempo. Ya no era más que un diminuto autómata oxidado por las lágrimas que todavía, a veces, podía expulsar. No era más que un conjunto de piezas de hojalata; ni siquiera de hierro. Y se oxidaba; y se oxidaba.
Había perdido toda esa pequeña esperanza que le unía a la vida. A su gente. Cada vez se sentía más aislada del mundo que veían y vivían los demás. "La vida son minutitos de felicidad" le repetían como una letanía. Y esas palabras retumbaban en su interior, causándole heridas incurables (que ningún cirujano sería capaz de cerrar).
Cada día le costaba más levantarse de la cama. No era capaz de seguir el ritmo de su amigo al que todo le parecía muy "heavy"; de su amiga con la que cada vez perdía más el contacto; de su padre, el que había luchado toda su vida para tener lo que tenía, trabajando de sol a sol en un algo que no le llenaba y así tener todo lo que ahora tiene; de su tío, tan integrado con la naturaleza y tan jodido por la naturaleza a la vez; de todos aquellos a los que hacía mucho que no veía y se habían entregado a la fiesta. Ya ni siquiera sabía ponerse en lugar de los demás. Cada día le irritaba más su entorno.
Veía como su vida se consumía, como cada vez se hacía más pequeñita, más invisible mientras los demás se hacían más grandes y se inflaban. Ya no se sentía capaz de seguir el ritmo del mundo. Porque se estaba dando cuenta de que el mundo no era como ella pensaba que era, y eso le causaba tal dolor, era tan inmenso el dolor que ella sentía, que la estaba matando. Lentamente y con sufrimiento.
Ni siquiera la melodía de la flauta dulce que sonaba a lo lejos, en el silencio, le hacía esbozar la sonrisa que en otra época, no tan lejana, le hubiera provocado. Simplemente era feliz viendo como los niños, seres inocentes, jugaban a su alrededor. A lo mejor el problema era que ella nunca creció. Y que no quería crecer. Ya no creía en nada. Y le gustaría ser inconsciente. Felizmente inconsciente.
Por eso, un buen día, decidió escapar al desierto. Lo decidió cuando reconoció la melodía de una vieja canción en euskera, de Mikel Laboa, que decía: "Si le hubiera cortado las alas, sería mío. Pero así, nunca más sería un pájaro".
El mundo le cortaba las alas. Por eso se fue al desierto, a mimetizarse en aquel páramo árido y estéril. Y desaparecer.
Admiro, enbobada, a la gente que es capaz de escribir todo los días sobre algo coherente, con sentido.
No tengo la más mínima duda de que yo también podría escribir todos los días sobre algo. Sobre algo nimio a simple vista que podría hacer que fuera importante. Supongo que algo no es importante hasta que alguien escribe sobre ello. Hasta que alguien habla sobre ello.
Hoy leía que una de las agencias de noticias más grandes del mundo vetó durante una semana a la hija de un acaudalado dueño de una cadena de hoteles. ¿Y qué pretendían hacer con eso? ha dejado caer mi compañera X. Supongo que darse cuenta de que el mundo puede vivir sin saber qué hace y deshace esa niñata (dicen que se paseaba continuamente por los pasillos de un hotel y que sólo paró cuando alguien se dió cuenta de quién era). Pero si el resto de los medios dan la información... me ha contestado...
He retomado mi relación con Kapuscinski. Necesito volver a creen en la profesión para sentirme parte de ella. Quiero encontrar el sentido a la decisión que tomé en su día de formar parte del gremio.
Mientras, paso las noche en vela y las mañanas dormidas. Me estoy convirtiendo en una pequeña vampiresa. Hoy he visto (otra vez) La naranja mecánica de Kubrick. Mañana, a lo mejor, veré otra peli, leeré algún libro o dormiré acompañada.
Hoy ha sido un día de re-cuerdos. Otro hermano de un amigo (bueno, en este caso conocido) a muerto en un accidente, de noche.
Creo que he tomado un camino equivocado en mi vida, lo puedo redireccionar, pero de momento va a ser algo complicado. Y mi problema es que siempre he sido, soy, impaciente.
Esta sociedad me carcome. Necesito escapar a un lugar donde la gente conserve su yo original. Donde la gente no esté corrompida.
Porque yo no le encuentro el sentido a nada de lo que nos mueve.
Desde pequeña quise participar en la Ruta Quetzal. Nunca lo pude hacer. Luego, cuando supe que mi oportunidad había acabado quise irme a África. A alguna remota aldea donde no haya turistas. Donde sea imposible llegar en coche, donde la gente siga viviendo como lo hacían sus antepasados. Teniendo en cuenta y respetando la naturaleza. Donde no se celebrara el fin de año porque no existieran calendarios de días establecidos.
Supongo que tengo que empezar cambiándome a mí misma, pero no tengo fuerza para hacerlo aquí, rodeada de esta sociedad. Las fuerzas se me agotan. Soy una de esas jóvenes apalancadas a los 20 años, como dice la canción de Berri Txarrak, porque no encuentro nada que me llene, que me haga feliz de verdad.
Y yo, que me paso el día intentado enseñar el lado bueno de la vida a los que muestran abiertamente su descontento, no logro realmente convencerme a mí misma que hay cosas por las que luchar y que todo esto tiene sentido.
Parece mentira que todavía siga sorprendiendome por los caminos de la vida, por los caminos de la mente.
Supongo que van unidos.
Sigue sorprendiendome los caminos que elige cada uno. Pero los caminos de la mente, los pensamientos, surgen solos. Aparecen. Y a veces, me sorprende también, que algunas personas no puedan entenderlos. Los caminos de la mente. Aunque sea los de las personas que están cerca...
Iparra galdu: Hegora joan Burua galdu, bihotza eman.
Berri Txarrak. Jaio.Musika.Hil
No me gusta el desorden en mi vida, pero reconozco que es intrínseco a cuando algo rompe mi rutina. Siempre he intentado mantener mi cabecita ordenada. Incluso en épocas de mucho ajetreo me ha gustado saber qué es lo que tengo y lo que no. Qué es lo que hay y lo que no. Saber cuáles son las reglas del juego.
A. llegó hace poco a mi vida. Yo pensaba que tal como entró se largaría. De momento no ha sido así. Y aunque poco a poco voy recuperando mi orden, él lo ha destrozado. Derrepente he visto como mis principios se esfumaban por unos segundos. Y cuando coloqué los pies en la tierra me dí cuenta qué es lo que no quiero en mi vida. Y qué es lo que sí.
Todo ha sido muy intenso y cuando las cosas son intensas no hay tiempo para pensar. Este puente me esta dando margen para pensar. Me he alejado, estoy tomando perspectiva. ¿Realmente las cosas eran como yo me las planteaba?
La perspectiva suele decirme que no. Esta vez me ha dicho que no. A. es una persona atenta, respetuosa, me hace reir y me gusta su compañía, pero como otras personas, es prescindible. Por lo menos, en los momentos que no compartimos.
Por momentos aprendo a ser libre, por momentos entiendo la libertad. A veces, necesito que me encadenen abrazo tras abrazo. Intento encontrar el orden, el equilibrio.
No me gusta perder la cabeza. Perder el norte, ir al sur.